Proyecto Haunebu

Abr 27, 2011 by

 

 

 

 

La información contrastada sí demuestra que los nazis trabajaron en la construcción de platillos volantes, es decir, aeronaves con forma circular, algunas de ellas de despegue vertical. Eso sí, la realidad era bastante menos espectacular que las leyendas forjadas tras la Segunda Guerra Mundial.

 

 

Al finalizar la guerra se supo que el proyecto de nave circular de Schriever y Habermohl no había sido el único y que otros ingenieros, como el norteamericano Richard Miethe o el italiano Giuseppe Bellonzo, habían desarrollado aparatos para la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana). Según Andreas Epp, antiguo ingeniero de la compañía Skoda que trabajó en varios proyectos en el aeródromo de Praga, se realizaron diversos planos y maquetas de la peonza voladora de Schriever y Habermohl.

En unas curiosas declaraciones a la televisión alemana en 1993 Epp confirmó que esos diseños se realizaron, aunque lo único que llegó a funcionar realmente fue una versión primitiva de la peonza de Schriever, que voló con éxito en el aeródromo de Praga en diciembre de 1943: «Este aparato se envió a las montañas de Noruega y debía regresar a Alemania. Se manejaban los controles de vuelo a través de un canal codificado de radio y un código secreto por control remoto. Finalmente se quedó en las montañas porque chocaría con ellas aparatosamente sin poder regresar».

 

 

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Cuando Andreas Epp regresó a Praga para informar de lo que había sucedido, al llegar a la fabrica de Skoda le obligaron a mantener silencio absoluto sobre el asunto. «Aún así, decidí quedarme para presenciar las pruebas secretas —declaró Epp—. Ese día llevaba mi cámara de fotos. De repente vi un platillo volante. Estaríamos en noviembre o diciembre de 1944 y recuerdo que las pruebas no se celebrarían hasta febrero.

Estaba viendo vuelos de prueba y pude ver alguna otra cosa. Aquello no tenía alas ni nada de eso. Tiré otra foto más, y en el momento de correr el carrete para sacar otra, ya tenía al aparato arriba, en el cielo. Era un aparato lenticular, un platillo volante». De ser ciertas las afirmaciones de este antiguo científico, el aparato alcanzó una velocidad de 800 kilómetros por hora y una altitud en vuelo de unos 25.000 metros. Aunque la maniobrabilidad del platillo de Schriever era más bien baja, sus prestaciones eran sin duda espectaculares, pero no increíbles, como suelen afirmar algunos ufólogos al hablar de los ovnis nazis.

Uno de ellos, Vladimir Terzinski, afincado en California, elevó el listón de los mitos nazis a su grado más alto al afirmar que los alemanes llegaron a la Luna en 1942 utilizando platillos cohete fabricados por Miethe y Schriever. Ahí es nada. Según Terzinski el platillo de Miethe tenía un diámetro de entre 15 y 50 metros; el de Schriever, diseñado como vehículo de exploración interplanetaria, estaba propulsado por una turbina Walter que medía unos 60 metros y poseía compartimentos para casi 10 tripulantes.

No se quedo ahí el fantasioso ufólogo. Llegó a asegurar con vehemencia que los nazis, desde que llegaron al satélite, comenzaron a hacer túneles bajo la superficie y que antes de acabar la guerra ya tenían una pequeña base de investigación en la Luna en la que, después del final de la contienda, en mayo de 1945, desarrollaron un programa espacial dirigido desde un centro de control ubicado en una zona descubierta en la Antártida muchos años antes y denominada Nueva Suevia.

La única parte probable de las afirmaciones de Terzinski es la referida a los acuerdos suscritos por Hitler y sus aliados italianos durante la guerra. Se trataba de un intercambio de alta tecnología e instalaciones en el cercano lago de Garda, en el norte de Italia, justamente donde la compañía de automoción FIAT tenía su centro experimental. Los italianos llevaban tiempo experimentando en aquel centro con numerosas armas avanzadas, cohetes y aviones. Igualmente, los nazis también tenían acuerdos de colaboración con los militares japoneses. Por eso no es casualidad que la compañía Mitsubishi fabricara una copia del misil V-l alemán mucho antes de finalizar el conflicto bélico.

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¿Sabían Wernher von Braun y sus técnicos algo sobre estos proyectos? ¿Estaban involucrados? Sin duda Peenemünde —la base secreta donde Von Braun fabricó los primeros misiles de la historia para los nazis— representaba uno de los lugares más avanzados y secretos del mundo en lo relativo a aeronáutica y técnicas espaciales.

Si ninguno de los que allí trabajaron supo nada acerca de platillos volantes es que todo este asunto pertenece al campo de la mitología nazi.

 

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1 Comment

  1. ¿Por fin, fabricaron platillos volantes los alemanes?

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